Los que hemos jugado en algún equipo, ya sea en la escuela o en alguna liga conocemos las sensaciones que brinda el primer partido, por un lado esta la inseguridad, si se darán las cosas, si tan siquiera podrás disfrutar de algunos minutos en el campo de juego, el recibimiento y hasta que tanto te lucirá el uniforme, por otro lado está la emoción de iniciar un nuevo camino que puede llenarte de felicidad y, sobre todo, las ganas de dar todo por lograr que tu equipo se lleve la victoria.
Desde la semana pasada, el viernes para ser preciso, inició mi aventura en la liga municipal cuando el equipo con el que siempre quise jugar desde que tengo memoria (Pistones) me aceptó en sus filas en una transferencia desde el club San José (llegué a cambio de un costal de naranjas, tengo entendido) con el que me reincorporé al futbol tlanchinolense después de mi regreso a estos rumbos serranos. Lo primero fue conseguir el uniforme, no hubo gran dificultad en las huastecas tierras de Huejutla, superado ese paso solo quedaba la eterna espera por el debut, a las 8 de la madrugada, lugar: Deportivo “El ocotal”, contrincante: COBAEH.
Después de una noche que complicó el sueño debido a una reunión con amigos que se prolongó de más, llegué al campo de futbol medio desvelado y medio nervioso, pero la suerte estaba de mi lado, el frio mañanero hizo que muchos jugadores no se presentaran tanto de COBAEH como de Pistones, y asi fue como tuve la oportunidad de jugar de inicio, me vi tentado por don Mike a volver a ser delantero, como toda mi vida, pero uno de los propósitos de 2010 fue imitar a Efrain Juárez y jugar de defensa lateral con oportunidad de apoyar la ofensiva, no tratar de lucir tanto a costa de apoyar mejor en una posición que muchas veces requiere de velocidad e inteligencia. Inició el partido, el nerviosismo poco a poco fue desapareciendo mientras mandaba pases directos a la delantera, el juego fue para los dos lados inicialmente, llegadas constantes que no se concretaban, sin embargo poco antes del medio tiempo la fortuna nos favoreció con un gol a favor.
Iniciamos el segundo periodo y con la confianza de conocer la posición me sumé al ataque en una jugada a balón parado, me tocó rematar un balón potente que salió desviado por pocos centímetros al poste izquierdo, pero la advertencia ya estaba. El juego empezó a estar en control nuestro, las llegadas eran más constantes y en una de ellas el balón se va a tiro de esquina, me dice don Mike, quien me acompañaba en la defensa, que fuera al ataque, no lo dudé y me metí al área, me desmarqué velozmente y de forma extraña quedé solo unos instantes frente a la zona de seguridad del portero, el tiempo fue suficiente para mandar el balon a las redes en un cabezaso cruzado que incluso pegó en el poste. La emoción fue increible pero no solo por el gol, sino lo que representa en el partido que te toca debutar con un equipo nuevo, es lo que todos soñamos cuando pisamos por primera vez el suelo delimitado por la cal. Creo también que fué uno de los goles que más he celebrado en mi vida.
Finalmente COBAEH metió gol, el partido estaba 2-1, sin embargo el estado mental estaba con nosotros, después de varias llegadas se concretó nuevamente una oportunidad, que solo sería opacada por una escapada de la delantera bachiller que balanceó las cosas hacia un marcador 3-2 que permanecería hasta que el silbante declaró el final del encuentro.
Que hermoso es este deporte.